#déjennos vivir (y beber vino)
- Cocó Malbec

- 17 nov 2025
- 4 Min. de lectura

El blog de este mes es algo diferente. En cierta manera, es un descargo. Pero, sobre todo, busca ser una reflexión sobre la (compleja) relación entre el mundo del vino y el proceloso mundo de las redes sociales.
Hace unos días una conocida cuenta de Instagram dedicada a cuestiones culinarias y alimenticias abrió un debate sobre el acuerdo que una conocida bodega española ha firmado con la Real Federación Española de Fútbol para convertir a uno de sus vinos en el vino oficial de la selección. Numerosos usuarios criticaron severamente la alianza.
Sorprendida por el contenido (y el tono) de algunos de los comentarios, tuve la (in)feliz idea de contestar a uno de ellos. Dadas las consideraciones que se hacían en torno al vino consideré que era necesario incidir en el particular carácter de esta bebida y me permití señalar que se trata de un alimento que contiene macronutrientes, tales como los hidratos de carbono y algunas proteínas, y micronutrientes, como sales minerales, oligoelementos e incluso vitaminas. Y añadí que dicho carácter estaba reconocido por ley y que consideraba peligroso demonizar su consumo. El usuario en cuestión me respondió rápidamente criticando mi respuesta y para descalificar mi comentario comparó el vino con otro “alimento” (una conocida crema de cacao y avellanas) y con el tabaco. No contento con eso me acusó de no tener capacidad lectora. Sorprendida, me permití responderle de nuevo señalándole que me parecía que escoger como elementos de comparación un producto industrial con alto contenido en grasas poco saludables y otro que contiene sustancias químicas, algunas de carácter carcinógeno, no sólo era tendencioso sino problemático.
La cosa no quedo ahí. Una segunda usuaria -tratándome con proverbial condescendencia- me acusó de no comprender nada y me dijo -literalmente- que la cicuta también tenía vitaminas y no por eso me la ponía en el café.
Decidí -creo que certeramente- borrar mis dos comentarios y no seguir respondiendo, aunque tengo que confesar que dude si contestar a esta segunda usuaria con el único fin de recomendarle la canción de Love of Lesbian "Los Irrompibles". No lo hice porque creo que no hubiera entendido la ironía. Todos sabemos que la ironía es el humor de los inteligentes. Para aquellos que no la conocen les diré que la canción de Love of Lesbian habla de la libertad y, sobre todo, de la lucha por ser uno mismo en un mundo que intenta imponer un pensamiento único; la letra alude a la presión social y el miedo a ser criticado, especialmente en redes sociales, y compara a muchos de los que pululan por ellas con "policías morales".
Ese fue, exactamente, el sentimiento que me albergó tras las reacciones de los dos mencionados usuarios y otros tantos. Apenas interactúo en redes y, cuando lo hago, es siempre desde el respeto. Creo que es posible defender aquello en lo que creemos con argumentos; no es necesario insultar, menospreciar, ridiculizar o agredir a otros. Pero parece que las redes se han vuelto un lugar de juicio constante y, sobre todo, de mucha moralina, especialmente en lo que concierne a ciertos temas. En ellas no queda espacio para los grises ni para los matices. Y esto es especialmente evidente en el caso del vino.
Respeto profundamente a la gente que no lo bebe, sea cual sea la razón que le impulsa a hacerlo. Pero pido el mismo respeto para aquellos que consideramos que el vino ha sido y es un alimento esencial de la dieta mediterránea. Por otro lado, aunque es cierto que no existe consenso en torno al tema, numerosos trabajos científicos señalan que el vino, consumido con moderación y acompañado de una alimentación equilibrada, puede tener un efecto cardioprotector. Dichos estudios insisten en la importancia de considerar no solo qué se consume, sino también cómo, cuándo y con qué se acompaña. Yo añadiría incluso con quién. En lo que sí coinciden la mayor parte de los científicos es en señalar que no todos los patrones de consumo de alcohol tienen el mismo impacto sobre la salud.
Estoy dispuesta a asumir que existen discrepancias científicas sobre los beneficios del vino sobre la salud y asumo que queda mucho por investigar en torno a este tema. Lo que me cuesta admitir es la simpleza y, sobre todo, la virulencia con la que somos atacados en algunos espacios como las redes aquellos que creemos que el vino es mucho más que una bebida alcohólica. Como he dicho, creo sinceramente que el vino es alimento. Y creo también que es cultura y patrimonio. Y creo que -consumido de manera moderada- es fuente de salud. Y seguiré defendiéndolo. Como hace, por cierto, una buena parte de la Ciencia.
Insisto: respeto a los que han decidido ser abstemios y no probar una gota de alcohol. Pero no soporto el comportamiento de aquellos a los que Bunbury llamaba “la policía de la moral y de las buenas costumbres” que con trazos de brocha gorda y aires de superioridad nos dan lecciones cotidianas tratándonos de idiotas y sentando cátedra sobre cuestiones sobre las que, a día de hoy, no existe consenso científico. Este tipo de personas tiene una particular actitud ante la Ciencia; si ésta se pronuncia en un sentido diferente al que a ellos les gustaría no tienen problema en acusar a sus representantes de “vendidos a la industria”. Son Neo-Ligas formadas por gente a la que le gusta prohibir, si es posible por decreto. Y que odian disfrutar y, sobre todo, que otros disfruten.
Tengo que decir que mi mensaje no entraba a cuestionar si el acuerdo entre la RFEF y la bodega me parecía o no conveniente. De hecho, creo que podemos discutir sobre la pertinencia (o no) de la promoción de bebidas alcohólicas en el ámbito deportivo, pero creo que hay que tener cuidado con sacar los pies del tiesto. Afirmar con tanta ligereza que el vino es “una perniciosa droga” es un dislate. Como sigamos así, los componentes de estos neo-movimientos por la templanza van a decir que beber vino es pecado y acabarán prohibiendo usarlo en la consagración. O ya puestos pedirán que se prohíban las misas para evitar la tentación… No sé si pillarán el sentido de mi comentario, pero la verdad, no me importa.
Termino recordando la famosa frase de Albert Einstein: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana; y de la primera no estoy seguro”.
Brindo por la ironía, por la libertad y por el vino. Salud.



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